Hace años que paso las vacaciones en un pequeño pueblo de la sierra madrileña, Colmenarejo. Tiene un entorno natural precioso y está a poco más de media hora de Madrid. Un lugar ideal para disfrutar de la tranquilidad del campo y vivir al ritmo pausado que tanto ansiamos los urbanitas.
Una de las pocas cosas que no me gustaban del pueblo era la poca preocupación por la gestión de los residuos. Contenedores viejos, mal señalizados y mal repartidos por el pueblo hacían que fuéramos pocos los que separásemos correctamente. Cuál fue la sorpresa cuando durante estas vacaciones navideñas vi que finalmente se había decidido renovar la flota de contenedores. ¡Por fin Colmenarejo se toma en serio la gestión de sus basuras! ? Pues bien, mi alegría duró poco. Lo justo para ir a estrenar los contenedores de envases y comprobar que sin duda alguna, los nuevo artefactos eran tan relucientes como poco útiles.
Los nuevos contenedores no solo siguen sin estar adaptados a las personas con movilidad reducida, sino que además, conseguir meter la basura en el contenedor es todo un reto. Las aberturas de los contenedores son pequeñas y además están bordeadas por unas pestañas de caucho tan gruesas que para meter la bolsa hay que dar puñetazos o patadas según la preferencias del ciudadano/a. Aseguro que no exagero ni un poco, y si alguien duda, le invito a probar el mismo.
Como habitante temporal pero asidua al pueblo de Colmenarejo, quisiera con este post solicitar el cambio de los nuevos contenedores por otros que simplemente, permitan introducir las bolsas con facilidad y estén adaptados para todas las personas.
Reducir y separar los residuos que generamos las personas es imprescindible para avanzar hacia una sociedad más sostenible. Nosotros/as podemos poner mucho de nuestra parte, pero si la Administración no acompaña y facilita, poco podemos hacer los ciudadanos.
Pues eso, para el 2017 prometemos ponernos en forma si el Ayuntamiento del Colmenarejo nos cambia los contenedores. 😉
