La historia de los residuos de nuestros aviones

Por: Isabel Coderch Vergés

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Probablemente conozcas el problema de la basura de nuestros océanos, pero ¿sabes qué está ocurriendo en nuestro cielo?

En el 2016, los pasajeros de los aviones generaron 5,2 toneladas de residuos. Esto equivale al peso de 2,6 millones de coches y se prevee que esta cantidad se doble en los próximos 15 años. Según IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo), la gran mayoría de estos residuos acabaron en incineradoras o vertederos.

Los residuos de los baños están incluidos en esta estadística, pero también las mini-botellas de vino, los restos de las comidas de las bandejas, los cepillos de dientes y muchos otros artilugios que nos ofrecen cuando volamos.

Según Matt Rance, director operativo de MNH Sustainable Cabin Services, cuando un avión aterriza se tiran cantidades ingentes de productos desechables.«Es como si cada vez cogiéramos un gran tubo, lo vaciáramos y dijéramos, venga, a llenarlo de otra vez de nuevos productos ».

A medida que aumenta el número de pasajeros, las emisiones de gases efecto invernadero asciende, y la industria aérea está siendo muy cuestionada por ello. Pero, ¿puede solucionarse esta tremenda huella ambiental sin afectar al crecimiento del sector?

 

Deteniendo la avalancha

El otoño pasado dos compañías españolas, Iberia y Ferrovial, impulsaron un plan para hacer frente al reto de los residuos.

El objetivo del proyecto es recuperar el 80% de los residuos de cabina del aeropuerto de Madrid-Barajas para el 2020. Para ello se aplicarán medidas sencillas como emplear carros de separación de residuos, tal y como nos comenta el responsable del programa, Juan Hermira. Además de esto, se formarán a unos 2.500 miembros de la tripulación como parte inicial del proyecto.

Fuente: cabinwaste.eu

 

Este plan, que pretende crear las pautas de gestión de residuos para otros aeropuertos, al mismo tiempo está explorando las alternativas de menús con menos residuos, el uso de cubertería reutilizable y el estudio de datos de vuelo. Por ejemplo, la información sobre las frecuencias de vuelo de los clientes pueden usarse para estimar las preferencias de menús de los pasajeros, necesitando así preparar menos comidas para satisfacer la demanda de los clientes.

Esta es una de las muchas acciones que sugieren que parte de la industria se está movilizando con el tema de los residuos. El año pasado, Gatwick abrió una planta de valorización energética de desechos en su propio recinto evitando así la necesidad de transportar los residuos para su gestión. Actualmente la energía producida vuelve a la misma planta, pero Gatwick pretende que en un futuro se emplee para calentar la terminal norte. Al igual que el aeropuerto de Heathrow, Gatwick se ha marcado el propósito de reciclar el 70% de sus residuos para el 2020.

America’s United Airlines ha pasado a usar vasos de papel compostables y el año pasado empezó a donar sus necesers de cortesía no usados a personas sin hogar y a casas de acogida de mujeres. Con esta iniciativa se espera transformar más de 27 toneladas de residuos en productos de valor durante el primer año. Virgin, por su parte, ha desarrollado un sistema para reciclar todas las partes de los auriculares incluyendo las almohadillas, que se reutilizan para la fabricación de suelos de los centros ecuestres.

 

Neceser de cortersía

 

Sin embargo, a pesar de todas estas acciones, las montañas de residuos de las aerolíneas no dejan de crecer. ¿Qué más se puede hacer al respecto?

Para Michael Gill, responsable del departamento de medioambiente del IATA, la regulación es la clave. Actualmente la normativa zoosanitaria europea surgida como consecuencia de enfermedades como boca-mano-pie, determina que todos los restos del catering de los aviones procedentes de fuera de la UE deben tratarse como residuos de alto riesgo. Los restos deben ser incinerados o enterrados en un vertedero. Una taza de café procedente de Estados Unidos, por ejemplo, se trata como un residuo peligroso ya que puede contener restos de leche. Por tanto, donar los alimentos no consumidos de los aviones es imposible.

Para Gill, necesitamos un enfoque más racional que identifique los elementos de los desechos que realmente supongan un riesgo para la salud y que tengan en cuenta los estricta normativa higiénica de las aerolíneas. Gill hace referencia a un informe encargado por el IATA que está a punto de publicarse y en el que se concluye que los restos de productos lácticos y la miel de los aviones suponen un riesgo insignificante para la salud.

Mejorar los procedimientos in situ también ayudaría a mejorar el problema de clasificación, dice Magda Golebiewska, directora del grupo de medioambiente de la compañía TUI. Los aeropuertos de East Midlands y Gatwick han empezado a etiquetar las bolsas de basura indicando su origen, pero en el resto de los aeropuertos la práctica más común, tanto dentro como fuera de la UE, es mezclar todos los residuos y gestionarlos como restos de catering internacionales.

De todas formas, lo más importante es conseguir que el equipo de aviación se involucre, dice Golebiewska. Esto puede ser un todo un reto ya que la tripulación ya está ocupada revisando las tarjetas de embarque y atendiendo a los pasajeros, pero para Golebiewska es crucial: «El éxito de la separación de residuos dependerá del esfuerzo que la tripulación ponga en ello».

 

Residuos en aviones

 

Recortando costes

El medioambiente no es la única preocupación de Golebiewska y el resto de responsables de la gestión de residuos en las aerolíneas. La basura producida en los aviones cuesta, según IATA, 500 millones de dólares (425 m de euros) anuales. Una cifra que aumenta más rápidamente que el volumen de los residuos debido al aumento de los costes de tratamiento de basuras.

Según Rance: «Reducir los costes va a implicar cambiar el enfoque de la política de compras. Si podemos convencerlos de centrase en el coste del ciclo de vida de un producto en vez del coste de la unidad del producto, entonces invertir en auriculares o mantas más duraderas y deshacerse de los desechables empezará a tener sentido.»

«Diseñar los productos para aviones pensando en la minimización de residuos también puede ayudar. La compañía Qantas, por ejemplo, al tiempo que dona con fines sociales sus paquetes de auriculares, evita la generación de una bolsa de polietileno por cada pasajero que vuela».

Gill tiene muy presente que hay otro beneficio, menos tangible eso sí, para aquellas las aerolíneas que demuestren que reducen sus residuos: una mejor reputación. La visión de botellas de agua sin abrir o bandejas de comida tiradas al finalizar el vuelo es un ejemplo que ilustra claramente el impacto ambiental de la industria.

 

Artículo traducido de The Guardian.

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Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, y obsesionada por dejar este planeta mejor de como lo encontró. Lleva más de 12 años trabajando en el sector de la restauración sostenible. Su pasión es aprender y enseñar que se puede dar de comer de una forma sostenible y rentable. Cuando escucha a Major Lazer las tortillas de patatas le salen mejor.

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